Sergio Armando Castillo

¿Qué le preocupa al buen maestro?

2018-06-07 - Sergio Armando Castillo


¿Le puedo hacer una pregunta?, le dijo una colega reportera a un profesor, una tarde calurosa…



-Claro que sí, respondió el maestro, quitándose el sombrero y secándose el sudor de la frente con un paliacate rojo.

¿Acaso no le preocupa que los niños se queden sin clases?, mientras usted se manifiesta en las calles; Ellos no tienen la culpa de nada…

El mentor tomó otro trago de agua de la botella y le respondió:

Sí, señorita. Me preocupa mucho que se queden sin clases.

La periodista replicó: “Pero es que con tantas marchas y paros los niños se quedan sin Clases.

El trabajador de la educación contesto: - Claro que me preocupa que se queden sin clases. Pero también me ocupa que no se queden sin escuelas, sin educación, sin cupo en las universidades, sin empleo y sin futuro.

-Me preocupa ver a mis alumnos, jóvenes y fuertes, vendiendo discos piratas en las calles sin que nadie les pregunte si ya comieron. Me entristece verlos en el desempleo, como millones de mexicanos, me angustio de saber que cruzan el desierto de Arizona a 50 grados con una triste botellita de agua, para buscar el trabajo que aquí se les niega. Me preocupa que mis alumnas se embaracen a los 16 años, porque no tienen más perspectivas en la vida que emplearse de cajeras en el Wal-Mart por el salario mínimo.

Añadió que también le interesa mucho buscar solución al problema de alumnos asaltando los micros o poniendo una narco tiendita, o evitar que caigan en las garras de los vicios, porque el gobierno invierte más en operativos contra los maestros que en educación.

Me preocupa ver a mis alumnas vendiendo sopes y productos de belleza mientras el presidente vive en una casa de 7 millones de dólares y viaja en un avión de 7200 millones de pesos.

Me da coraje la impotencia de ver cuando mis alumnos se enferman y tienen que formarse para sacar ficha en la madrugada por horas para un médico en el IMSS; que no hay medicinas, que les dan cita tres meses después, que seis meses después, ya no hay servicio de especialistas y que ya no tienes derecho a una cirugía.

Me preocupa, dijo el mentor, que cuando quieren formar pareja, tengan que vivir de arrimados con sus padres, y que solo puedan aspirar a tener un pantalón pirata, un vestido pirata, una vida pirata.

Me preocupa y mucho, que López Dóriga, Adela Micha, Ciro Gómez Leyva y Alatorre les digan a quien deben odiar y a quien deben querer y que, en lugar de leer “Cien años de Soledad”, crean a pie juntillas lo que dice la Rosa de Guadalupe o “Lo que Callamos las mujeres”.

Me encorajina que en tiempos de elecciones, vendan su voto por una miserable despensa o por unos pesos que les quitan el hambre un día, pero que los condenan a ser pobres toda la vida. Me preocupa que los verdugos de estos estudiantes menores, cuando llegan a funcionarios o diputados, en lugar de defender a su pueblo, vendan su conciencia y voten a favor de entregar las riquezas nacionales a los extranjeros o que voten la Reforma Educativa o la Reforma laboral, que acabó con la jornada de 8 horas, el aguinaldo justo, el reparto de utilidades y convirtió en esclavos de los patrones, a los trabajadores.

Me indigna que me quieran evaluar con un examen de opción múltiple vigilado por el ejército en algunas zonas del país, y no sepan que trabajo en una escuela sin agua en los baños, sin pupitres, con alumnos que van sin desayunar o con las mochilas atiborradas de productos chatarra.

Me encanija que nunca uno de mis alumnos haya llegado a secretario de educación porque ese puesto está reservado para los amigos del presidente y para tecnócratas que en su vida han pisado la escuela Nicolás Bravo, del Valle de Toluca, donde las calles son de tierra y cuando llueve son de lodo.

Nos exaspera a los maestros, que con las modificaciones a la ley que aprobaron priistas, perredistas, verdes, ecologistas y panistas, cuando tengan 70 años, muchos de esos que fueron nuestros alumnos, solo puedan aspirar a una pensión de 1500 pesos mensuales.

Me desespera que esos jóvenes lloren cuando la selección de futbol pierde 7-0, pero que les valga “gorro” cuando el gobierno asesina a los estudiantes, a los maestros, a los luchadores sociales. Me preocupa cuando los veo dormidos en los camiones o en el metro porque tardan dos horas en llegar al trabajo o a su casa.

Nos angustia a muchos profesores, que esos alumnos, a diario coman peor, porque día a día la comida sube de precio y el kilo de tortillas cueste 12 pesos o más, y los políticos, que ganan cien mil pesos mensuales, digan que el país crece y que tenemos la mejor infraestructura, y que los inversionistas extranjeros están contentísimos.

Y tanto me preocupa que no tengan clases mis alumnos, que lucho, al igual que miles de docentes, porque tengan otra clase de vida, otra clase de servicio médico, otra clase de justicia, otra clase de política, otra clase de salario, otra clase de país… Y otra clase de futuro…




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