Sergio Armando Castillo

Consummatum est…

2018-06-26 - Sergio Armando Castillo


Si no ocurre un “cataclismo” político, algún magnicidio o evento de esas dimensiones, Andrés Manuel López Obrador se apresta a lograr la Presidencia de la República, en este su tercer intento.


A menos de una semana de las elecciones, llamadas concurrentes, la llegada de López Obrador a la presidencia parece inevitable.

Las circunstancias lo favorecen de tal manera, que parece que su gran problema será el tamaño de su éxito. La encuesta del despacho de opinión pública Parametría lo coloca con el 54 por ciento de la preferencia efectiva.

Otras mediciones recientes, como la de Consulta Mitofsky, sugieren que su coalición, Juntos Haremos Historia, se llevará también el Congreso de la Unión.

México podría estar a las puertas de un replanteamiento de su mapa político, comparable con el ascenso de Margaret Thatcher o Ronald Reagan o Ignacio Lula, en sus respectivos países, o con la llegada de otros líderes en el mundo, que realinearon las alianzas políticas y las prioridades nacionales, con un entorno internacional también cambiante.

AMLO es un ave rara en la política mexicana que tiene un largo recorrido como líder social. Comenzó su carrera como delegado del Instituto Nacional Indigenista de Tabasco. Luego coordinó la campaña del gobernador  Enrique González Pedrero, en aquel estado.

Tras ganar esa gubernatura, González Pedrero lo nombró líder del PRI local. Salió expulsado del partido por tratar de democratizar las bases, lo que siempre ha buscado en su vida pública. En 1988 se unió al movimiento político contra la candidatura de Carlos Salinas de Gortari, que desembocó en la fundación del Partido de la Revolución Democrática (PRD).

Fue el presidente del nuevo partido en Tabasco y ganó notoriedad nacional, al encabezar numerosas marchas contra los fraudes electorales en su estado.

Más tarde, López Obrador presidió el PRD nacional. Con él al frente, el partido ganó varias gubernaturas, escaños en el Senado y la Cámara de Diputados, y llevó a Cuauhtémoc Cárdenas a la jefatura de gobierno de Ciudad de México, entonces Distrito Federal.

En el año 2000, como resultado del mismo proceso electoral que terminó con setenta años de hegemonía del PRI, López Obrador ganó las elecciones para jefe de gobierno de la capital del país.

Ese fue un periodo muy importante en la historia política de López Obrador, porque logró poner en práctica algunas de sus ideas más temerarias: Disciplina financiera y política de austeridad que le permitieron echar a andar una política social amplia, cuyo programa más famoso fueron las políticas públicas en favor de los adultos mayores, que otros gobernantes copiaron, después.

Recientemente, durante la contienda presidencial 2018, Andrés Manuel retomó la senda de la moderación que antes no lo distinguía, y una de las principales cadenas de televisión lo visitó en su casa, y lo presentó como un hombre austero, cristiano y con una esposa inteligente y encantadora.

Ello demuestra que esta vez, ni siquiera las élites están de acuerdo sobre su radicalismo, ni los medios más poderosos, como Televisa y Tv Azteca, se le oponen como antes.

Si gana la presidencia el domingo, como todos los signos lo indican, y también la mayoría en el Congreso, otra gran posibilidad que se asoma en muchos estudios de opinión pública, acelerará las enmiendas constitucionales, y su éxito revivirá la esperanza entre muchos mexicanos, de si López Obrador será el presidente del anhelado cambio verdadero y el caudillo de la cuarta revolución mexicana (pacífica y ordenada).




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