Insólito

Venció el cáncer; lo mata borracho

2022-01-24 - Redacción

Andrés Luévano Pinedo, tenía 24 años de edad, había decidió vivir al máximo el presente, luego de que ganara la batalla contra el cáncer en dos ocasiones.



Excelsior


AGUASCALIENTES, Ags.

 

Fue en la etapa de la adolescencia cuando  le detectaron cáncer tenía 16 años de edad.

“Fueron tres años  que estuvimos batallando con la cáncer; fue un muchacho que nos enseñó en ese momento a luchar, porque nunca se quejó; él recibió 68 quimioterapias de 6 horas cada una, lo llevábamos y gente que se sentaba con él a tomar las quimioterapias  nos llegó a decir no saben lo bien que me siento cuando estoy sentada junto a él porque me inyecta esa energía, esas ganas de seguir viviendo”, dijo Rocío Pinedo, madre de Andrés.

Después de una operación a corazón abierto lograron retirarle el resto del tumor y después de 8 meses de sesiones quedó en recesión, por fin la familia sintió que habían vencido a la enfermedad. Sin embargo, al año y medio jugando con unos amigos Andres se quebró el brazo al recargarse y fue cuando le detectaron otro tumor, mismo que logró también superar.

“Vamos otra vez al sufrimiento, a la misma historia, afortunadamente ya no llevó quimioterapias, él sufrió porque estuvo cerca de 2 meses quebrado de su brazo, no le podíamos hacer nada, porque en ese momento la única opción que teníamos era amputárselo, yo no quería , yo quería salvarle su brazo,  porque a parte a él le encantaba dibujar, le encantaba armar legos, todo le encantaba armar, entonces pensar que no tuviera un brazo, creo que hubiera podido, pero a mí me hubiera dolido mucho que le fueran amputar un brazo. Se buscó la operación más viable y después de dos meses se encontró cura y quedó excelentemente bien; se le hizo un injerto de hueso de cadáver, salió de la operación, le hicimos los estudios y salió negativo en células cancerígenas”.

Después de la difícil prueba de la vida, Andrés decidió tatuarse un ave fénix, porque decía que había resurgido  de entre las cenizas.

“Cuando entró en recesión la primera vez, le dijo  a su papá, me quiero tatuar, me quiero tatuar un ave fénix tenía un tatuaje en su pierna izquierda, él decía que porque resurgió de las cenizas, voy a empezar mi vida otra vez, él nació en ese momento, él así lo sentía. Se tatuó un cocodrilo porque él estuvo en tratamiento con mitocondria de cocodrilo para el cáncer con ese medicamento, un tratamiento alternativo.  Nosotros le subíamos las defensas, porque las defensas del cocodrilo son exactamente iguales, entonces él dijo ‘en honor a lo que me comí me voy a tatuar un cocodrilo’”.

Andrés logró graduarse  de ingeniería arquitectónica y trabajaba; se caracterizaba por tener muchos amigos y simplemente había decidido disfrutar la vida, pero con responsabilidad.

“Me decía ‘yo no sé cuánto tiempo esté aquí  y el tiempo que esté aquí quiero vivirlo, quiero disfrutarlo, quiero hacer lo que yo quiera hacer’, pero siempre fue responsable”.

Sin embargo, el pasado 16 de enero un conductor en presunto estado de ebriedad se pasó la luz roja del semáforo impactando el Uber en el que Andrés  regresaba a su domicilio después de haber estado en casa de uno de sus amigos.

“El sábado me dijo: ‘ma estoy jugando con unos amigos Turista’ y me mandó una foto donde estaban jugando; eran las 11 y algo de la noche, no era tan noche; sólo  le dije no te vengas tan noche, me dijo: ‘sí ma, no te apures al rato nos vemos’. Una hora después le mando un mensaje y me dijo sigo jugando al rato voy , yo me quedé dormida pero a las 3 de la mañana me despierto y veo que no ha llegado, le mandoun mensaje; ‘hijo ¿dónde estás?’ y ya nadamás lo recibe pero no lo ve, pasa el siguiente día y pensé ‘se le descargó’”.




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